LA MANO DE TRUMP EN TAMAULIPAS

Opinión / Columna / Por: Martín Sifuentes

Publicado: 14 de noviembre, 2016 | 8:50 AM

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Pasada ya la sorpresa y sobresalto que significó la victoria de Trump en la elección de los Estadas Unidos, bien valdría la pena analizar lo que viene para México, en lo político, en lo económico y sobre todo en lo social, renglón al que menos atención se le pone y justamente por donde podrían detonar una serie de problemas en lo que Tamaulipas podría verse afectado.

Ahora, como es correcto dada la circunstancia y naturaleza de la sucesión que se está dando en el vecino país, lo que debe preocuparnos es, cómo será la relación bilateral, que al menos de nuestro lado es tan importante y dependiente.

Más allá de los chistes y memes, hay que reconocer que el presidente Peña Nieto y su equipo tuvieron el tino de observar un escenario con una victoria de Donald Trump. Del mismo modo deben haber proyectado como sería una relación con un personaje con las características del millonario; excéntrico, misógino, grosero, bravucón, con nulo tacto político y sin ganas de reconocer mérito alguno al vecino.

Donald Trump, aún no toma posesión de su cargo como presidente de la nación más poderosa del mundo y ya en una entrevista, recordó una de sus amenazas de campaña: Que deportará de inmediato a 3 millones de mexicanos indeseables, que cuentan con antecedentes penales.

Una deportación masiva, histórica , sería desastrosa. Lamentablemente el gobierna norteamericano está en su derecho de hacerla, sin embargo no podemos dejar de reconocer el enorme brete en el que nos metería, y ya no tan solo al gobierno mexicano, sino a los sufridos habitantes de la frontera tamaulipeca.

Entendamos la dimensión que tendría una macro deportación de mexicanos. Si desde hace décadas los deportados se han convertido en un verdadero problema para las ciudades fronterizas en Tamaulipas como Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros. Estas tres ciudades durante muchos años han sido las receptoras de miles de compatriotas expulsados de los Estados Unidos.

Y ello, se ha convertido en un problema social grave para estas ciudades. En diversas ocasiones a lo largo de los últimos años, los alcaldes de esas comunidades han reconocido lo que deriva de esa situación: Pocos o nulos recursos para la atención de los repatriados; muchos, se niegan a recibir asistencia, más bien lo que quieren es regresarse a los Estados Unidos; y otros tantos que voluntaria o involuntariamente se enrolan en grupos delincuenciales.

La loable labor de grupos religiosos y asociaciones civiles que intentan ayudar en la atención de repatriados, es insuficiente hoy. El día de mañana, rebasadas totalmente, no servirán de nada.

O sea. En este momento, no hay forma de hacerle frente a los miles de deportados. Cuando sean cientos de miles, el problema será mayúsculo, de proporciones inimaginables, y tendrá un impacto profundo en Nuevo Laredo, en Reynosa y en Matamoros.

El gobierno federal, el estatal, alguna instancia tiene que hacer algo ya. Porque cuando la mano de Trump se comience a sentir, esas ciudades tendrán encima una catástrofe social.

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