OBSESIVOS DE IDA Y VUELTA

Opinión / Columna / Por: Martín Sifuentes

Publicado: 14 de agosto, 2017 | 6:00 PM

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Evitar que Andres Manuel López Obrador, llegue a la presidencia de México, se ha convertido en una obsesión, tanto para priistas, como panistas y perredistas.

Es tal la determinación con la que han tomado esa consigna, que aún a costa de pasar por encima de sus propios ideales, estos partidos harán todo lo que les sea posible por evitar que Morena triunfe en la elección presidencial del año próximo.

Estamos frente a una tacita alianza PRI-PAN-PRD. Entre estos tres institutos políticos habrá acuerdos no oficiales y oficiales, escritos y no escritos, para coordinarse y trabajar para un objetivo común.

El PRI suaviza sus requisitos para ser elegibles a sus candidatos, el PAN está dispuesto a sacrificar lo que siempre presumió como ejemplo de democracia, su  elección interna y el PRD no duda en abandonar sus históricas pugnas intestinas, con tal de obstaculizar el camino lopezobradorista hacia Los Pinos.

Y ni qué decir de lo que se ve a simple vista como el máximo esfuerzo por cerrar el paso al Peje, el proyecto de un frente que uniría a dos ideologías completamente antagónicas, que harían a un lado sus evidentes diferencias, con tal de lograr el máximo objetivo; panistas y perredistas parecen estar dispuestos a todo.

Y desde la mismísima presidencia de la republica, existe además otro flanco que igualmente, apunta a pulverizar el tercer intento del tabasqueño por llegar a Palacio Nacional.

Es claro que la unión de todas la fuerzas políticas antagónicas a López Obrador, de algún modo lo debilitarán. Ya hicieron ese experimento en la reciente elección en el Estado de México y les funcionó; El PRI, con su maquinaria electoral puesta en marcha, el PAN auto sacrificándose con una candidatura muy frágil y el PRD con un abanderado "sorpresa". Todo fue un escenario propicio para debilitar y derrotar a Morena. Lo lograron.

Sin embargo, lo que viene será lo más difícil tanto para un bando como para el otro. A diez u once meses de la elección del 2018, quien encabeza las preferencias sigue siendo Andrés Manuel, y hay quienes piensan que está ventaja será inalcanzable, aunque otros opinan que en cuanto haya definidos candidatos de los demás partidos, vendrá el declive lopezobradorista.

Y en medio de esta pugna, el pueblo mexicano permanece como simple espectador. Los intereses políticos moviéndose incesantemente, las luchas internas, los golpes bajos, a la orden del día.

"Por ningún concepto, bajo ninguna circunstancia, debe llegar Andrés Manuel a la presidencia de este país", parece ser el lema de los que que lo detestan y harán todo lo que esté a su alcance para bloquear su ascenso. Cada vez difundirán más la idea de que es un seguidor de Nicolás Maduro y que quiere convertir a México en Venezuela.

El, por su parte, terco y obstinado, seguirá insistiendo en su discurso de que va contra la mafia del poder, de que él no es corrupto, y hasta que venderá el avión presidencial. 

Un intento más, probablemente el último. Casi 20 años en campaña, presente en todos los medios, hondeando la bandera de la humildad, sin un discurso fluido, ni dominar el inglés, el Peje también se muestra obsesionado. Es egocéntrico y mesianico.

Es una obsesión de ida y vuelta. La de los que no lo quieren ver ganador, y la de él, de  ser presidente de este país. 

Buscando la definición exacta de la palabra Obsesión,  encontramos algo interesante, que bien les va a ambos bandos de obsesionados: "Idea, palabra o imagen que se impone en la mente de forma repetitiva y con independencia de la voluntad, de forma que no se puede reprimir o evitar con facilidad".

Y lo que estamos viendo, así es

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