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URGE UN DETENIDO

Opinión / Columna

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A la ya de por sí deteriorada imagen del gobierno de Peña Nieto y de su partido, se suma la indagatoria contra Tomas Yarrington, que quiérase o no, le pega fuerte, tanto al presidente, como al tricolor porque aún y cuando estén suspendidos los derechos partidistas del ex gobernador, o incluso que estuviera expulsado, nadie deja de vincularlo con el instituto político que lo encumbró.

Si bien es cierto que su "búsqueda" se remonta a varios años atrás, tuvo que venir la removida al tema que le dio el procurador de justicia tamaulipeco, Irving Mújica, para que el asunto se reactivara y la PGR ofreciera varios millones de pesos por la información que de con el paradero de Yarrington.

La declaración del titular de la Procuraduría del estado, respecto a la asignación de elementos policiacos para la custodia personal de ex gobernadores y sus familias, así como el gasto que ello generaba al erario del estado, irritó a la sociedad. Evidentemente no se trató de un dicho " fortuito", sino que fue medido y planeado el impacto, y el objetivo se logró a la perfección.

El relanzamiento del tema Yarrington, realizado por un panista, que golpea a un gobierno priista, justo en el momento en que las críticas por la corrupción de personajes como Duarte de Ochoa, Duarte Jaques y Borges Ángulo, ex gobernadores ligados al menos generacionalmente a Peña Nieto, están en su punto más álgido, y sin detenciones judiciales, y en el que el único ex gobernante arrestado en este momento, es panista, y es Guillermo Padrés, a decir de los encargados del manejo de la imagen presidencial, puede tener un aspecto positivo.

Desempolvar el asunto de Tomas, darle seguimiento, eventualmente detenerlo y procesarlo, podría lavarle un poco la cara al gobierno federal, de ahí que esos expertos en imagen y mercadotecnia política coinciden en que "dar un golpe de esa magnitud sería benéfico para elevar los niveles de credibilidad y aceptación" del presidente.

En consecuencia, nada extraño sería que ahora sí fuera en serio la cacería en contra de Yarrington, pues urge demostrar que "la lucha contra la impunidad va en serio".

Y si de paso se logra la ubicación del otro prófugo, Javier Duarte, pues qué mejor, que ejemplo al doble. Y si. El gobierno junto con el PRI, necesitan rescatar su credibilidad si es que quieren retener la presidencia de la república, algo que de momento se antoja muy complicado, dado el desencanto y la molestia que es evidente en la sociedad mexicana.

No obstante, necesitan demostrarle a la gente que hoy en día no cree en ellos, que son capaces de hacer bien las cosas, que pueden enderezar el rumbo, hoy totalmente extraviado.

La gran duda que brota es que si será suficiente con encarcelar a uno o dos de sus cercanos, para evidenciar exactamente lo que quieren.