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Llantas Salinas

PRI, AMARGO ANIVERSARIOS

Opinión / Columna

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Llegó el PRI al 88 aniversario de su fundación. 

Y nunca como en este cumpleaños, celebra débil, desacreditado y en medio de una no reconocida crisis interna que lo ha llevado a perder cada vez más posiciones en la geografía política de este país.

En los estados que recientemente perdió, incluyendo Tamaulipas, en el otrora poderoso instituto político, aún no se ven indicios de reintegración, ni entusiasmo en su militancia por recuperarse de la sacudida de la cual fueron victimas apenas en junio pasado.

A su aniversario 88, el Partido Revolucionario Institucional, llega como un partido socialmente rechazado por el muy alto porcentaje de mexicanos que desaprueban la labor de su máximo representante, es decir Enrique Peña Nieto. 

Cumple 88 años en medio de escándalos de corrupción por parte de algunos de sus más connotados miembros, y justo en los momentos en que la credibilidad que inspiran los partidos políticos a la sociedad está en sus más ínfimos niveles.

De los resultados electorales que obtenga en la elección en tres entidades en este 2017, dependerá en buena parte su futuro. El Estado de México, Coahuila y Nayarit, podrán ser el derrumbe priista en la antesala de la elección presidencial en el próximo año. Por eso, este cumpleaños 88, no es dulce, sino más bien amargo.

Su presidente nacional, Enrique Ochoa Reza, desesperado recurre a una retórica que pretende ser popular y afirma textualmente: "Enfrentamos a un PAN blando y rancio; en el PRD tenemos un sol que ya no alumbra ni a la esquina, y en Morena está el mesías de la mentira". Así se expresa de sus partidos rivales, ese es el nivel de argumentos del dirigente de un partido que se hizo viejo, que nunca se relanzó y que se fue olvidando de sus bases militantes y alejando de la sociedad civil general.

Hoy hablan de sacar al PRI a la calle para escuchar a la gente. Desgraciadamente hoy ya es muy tarde.

Es tarde ya para ese PRI que llegó al poder inventado por los ganadores de la revolución mexicana, y que se mantuvieron sólidos y sin sobresaltos hasta el temblor del 85, cuando parece que el mexicano común despertó. En el 86, perdieron la elección estatal en Chihuahua y se negaron a aceptarla. En el 88 se sacaron de la manga una "caída del sistema", en el 89 finalmente entregaron una primera gubernatura, la de la Baja California, a Ernesto Ruffo. En el 97 perdieron por primera vez la mayoría en la cámara de diputados, en el 2000 la presidencia de la republica, y de ahí, vino la debacle que hoy en día continúa. 

Y en Tamaulipas las cosas no son diferentes. Han pasado ya 9 meses de que fueron derrotados y aún no es hora de ver al priismo al menos con la intención de renovarse. Aquí, el festejo pasa casi inadvertido.

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