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DESAFIANDO AL GOBERNADOR

Opinión / Columna

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El evidente distanciamiento entre la alcaldesa de Reynosa, Maki Ortiz y el gobernador, Francisco García Cabeza de Vaca, se está replicando peligrosamente en Tampico, en donde, según dicen, la maestra Magdalena Peraza está detrás de las reclamaciones de los constructores hacia el ejecutivo estatal. Quieren que se les otorguen obras a empresarios locales.

La alcaldesa del puerto, hábil en la política, sabe que cartas está jugando. En realidad a quien quiere torpedear es a su ex rival en campaña, Germán Pacheco, cercano al gobernador y quien ahora desde la dirección del Instituto Tamaulipeco de Infraestructura Física Educativa, se ve intentando nuevamente llegar a la presidencia municipal porteña en un par de años.

Muy temprano para hacer grilla.

En el caso de Reynosa, la doctora Maki juega con fuego al mantener una confrontación personal con parte de su cabildo y con los poderes reales que se mueven desde Ciudad Victoria. Y aviva la lumbre cuando se filtran fotografías de ella departiendo alegremente con el priista Óscar Luebbert.

La maestra Peraza se equivoca al pensar que puede "espantar " a Cabeza de Vaca. El gobernador puede ser de mano dura cuando se le provoca, y lo mejor sería que intentara llevarse la fiesta en paz.

Históricamente, las relaciones entre alcaldes y gobernadores en Tamaulipas han sido tersas, aún y cuando ha habido en algunos momentos roces fuertes. El mismo Cabeza de Vaca, siendo presidente municipal de Reynosa, tuvo sus desencuentros con el gobernador en turno.

Manuel Cavazos era de trato difícil. Ejerció el poder de manera férrea y los alcaldes de su época le temían por sus arrebatos. 

Tomás Yarrington, tenía fama de ser duro y regañón con los presidentes municipales, y más de uno le leyó fuerte la cartilla. El caso Higareda en Reynosa ejemplifica perfectamente.

Eugenio Hernández se manejaba más "light" con los representantes de los municipios, pero aun así, nunca permitió un conato de rebelión y apretó cuando lo consideró necesario. 

Recientemente, era notorio que Leticia Salazar, en Matamoros, no tragaba a Egidio Torre, aunque en las vueltas que da la política, terminaron muy "amiguis". 

Y que decir de la maestra Peraza, que en su primer periodo, siendo alcaldesa "panista", con gobernador priista, supo manejar bien esa relación, a pesar de la molestia que originó su indisciplina al salir del PRI porque no la hicieron candidata.

En la actualidad, con Francisco García Cabeza  de  Vaca, primer gobernador panista en la historia moderna de Tamaulipas, asombra el tácito rompimiento con quien fuera su compañera en el Senado, y más, siendo militantes del mismo partido. 

Tal pleito contrasta con el manejo inteligente que vienen teniendo en Matamoros y Ciudad Victoria, Chuchin de la Garza y Óscar Almaraz. Ambos se saben solos, que no tienen quien los defienda y que lo que menos les conviene es entrar en un conflicto con quien tiene el control político del estado.

Grillas tempraneras y rencores añejos, deben dejarse a un lado en este momento. Le hacen daño a los municipios y al estado. 

A los alcaldes les debe quedar claro.