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SON AUTORIDADES, NO SON DIOSES

Opinión / Columna

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Mala costumbre del sistema político mexicano, es la de dar un trato de súper hombres a seres comunes y corrientes. 

Si. Por alguna extraña razón, en este país el alcalde, el diputado, el gobernador, el dirigente de un partido, el candidato a, y no se diga el presidente de la republica, son tratados y vistos por sus círculos cercanos como unas divinidades, a la que no se les puede tocar, ni ver, mucho menos molestar o incomodar.

Y lo peor, es que cuando el personaje está en el papel de "intocable", él mismo se la cree, y no duda de su "divinidad ". 

Me tocó ver personalmente, nadie me lo contó, el trato de soberano que recibía por parte de su equipo el ex gobernador de Veracruz, Javier Duarte, a quien poco le faltaba para que trajera a su lado a dos fortachones echándole aire con abanicos de palma. Era verdaderamente extraordinario ver a todo un aparato humano preocupado solamente por atender al señor y estar pendiente de su más mínimos deseos u órdenes.

Y más sorprendente ver cómo funcionarios y políticos encumbrados, de igual manera le rendían pleitesía, lo llenaban de honores y adulaciones, reían a carcajadas de sus ocurrencias... y se humillaban ante él de una manera penosa.

Sin ir más lejos, aquí en Tamaulipas,hemos visto lo mismo. 

En los tiempos de Tomas Yarrington, era común verlo llegar a los eventos, envuelto en una atmósfera digna de un "rock star". Tenía su propia tema musical para la entrada, saludaba con la mano levantada y sonreía histriónicamente en medio de aplausos y miradas de admiración. Casi no tocaba el piso, casi flotaba. 

En el primer semestre de 2016, Baltazar Hinojosa ya recibía ese trato siendo candidato. Y él se lo creía, pues su comportamiento ya era el de un gobernador. Ya era soberbio, intocable, inalcanzable y quien por ningún motivo se le podía contradecir.

Ejemplos hay muchos. Y no tan solo de personajes priistas. En el panismo hay muchos casos de políticos que se creen  tocados por la mano de Dios, porque sus propios allegados así  se los hacen sentir. 

Incluso en la izquierda, en donde aseguran que sus dirigentes, candidatos y funcionarios "son pueblo", también pierden el piso.

Para avanzar como país, es necesario ir dejando atrás ciertas costumbres y tradiciones políticas que  parecen tener sus orígenes en los tiempos del imperio Azteca. (Tributo total al soberano, y cuando llegó el español, sumisión total al hombre blanco y barbado) 

Aquí vemos con normalidad algo que en voz baja todos le llaman "besa manos"; Formarse en una larga fila para saludar dos segundos a un personaje, es realmente absurdo, pero si se quiere llegar a una posición, a un empleo o a hacer un negocio, es necesario participar en ese ritual.

El día que veamos a los políticos, a los presidentes, gobernadores y legisladores, como seres humanos normales, como personas comunes, habremos de dar un paso importante en el proceso  de cambio que le urge a este país.

El día que podamos hablarle directamente al hoy inalcanzable, cuando ellos mismos se bajen de su pedestal, en el momento en que quienes los rodean se den cuenta que no trabajan para un dios, entonces podremos aspirar a tener mejores dirigentes.

Hoy, nuestras autoridades están engañadas. No tienen una verdadera imagen de la realidad, no tienen idea de cómo vive su gente. 

Ello produce malos gobernantes. Está clarísimo.