‘No son cárceles, son campos de concentración’: el relato de un extranjero detenido en Venezuela
Marco Antonio Madrid fue liberado hace dos semanas luego de permanecer más de un año privado de libertad en Venezuela, donde asegura haber sido víctima de “golpes, maltratos y vejaciones” que lo llevaron a pensar que “cualquier día sería el último”. El peruano, que vivió parte de su vida en España, denuncia que las cárceles del país “no son centros penitenciarios, sino campos de concentración”.
Su excarcelación se produjo tras la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, un hecho que derivó en la liberación de centenares de detenidos por el chavismo. Sin embargo, Madrid rechaza ser llamado preso político y se define, al igual que otros extranjeros privados de libertad, como “secuestrado por la organización criminal que rige Venezuela”, en referencia a lo que considera una estrategia de presión internacional.
Madrid se había instalado en Valencia, Venezuela, a inicios de 2024 junto a su esposa venezolana, con la intención de desarrollar un call center. Su vida cambió poco antes de Navidad, cuando funcionarios de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) lo visitaron para que reconociera al español Ernesto Gorbe, un compañero de trabajo detenido días antes.
“Yo les acompañé voluntariamente y ahí empezó todo. Me pidieron mis documentos y me realizaron una cantidad de preguntas. Ahí descubren que todo estaba legal y que no existía ningún motivo para detenerme, pero me quitan mis pertenencias y me secuestran”, relata. Fue llevado primero a un calabozo y luego trasladado a Caracas.
Allí permaneció en un sótano donde, según describe, los detenidos dormían en el suelo, con la misma ropa con la que llegaban, sin luz natural y con agua completamente gélida para asearse. Diez días después le informaron que sería llevado a la oficina de Migraciones, pero terminó en la cárcel de El Rodeo I.
Las celdas, explica, medían apenas tres metros de largo por dos de ancho, con una litera para dos personas, un agujero para defecar y un tubo del que salía agua oxidada. “Son condiciones ya no inhumanas, sino deplorables, donde te intentan anular como ser humano”, afirma.
Madrid fue acusado de formar parte de un supuesto complot contra el Gobierno y obligado a firmar documentos judiciales “encapuchado, esposado y con un fusil Kalashnikov al lado”. Al tercer día de prisión presenció el intento de suicidio de un ciudadano yemení y fue conociendo a otros extranjeros en situaciones similares.
“El trato era bastante hostil. Los custodios eran jóvenes de menos de 25 años y nos sometían a torturas, golpes y castigos”, asegura. Uno de ellos fue el llamado “cuarto del silencio”: “Te encapuchan, te esposan y te llevan a un cuarto completamente oscuro donde no puedes hablar, ni siquiera para pedir permiso para ir al baño”.
Durante más de seis meses permaneció incomunicado, sin contacto con su familia, lo que derivó en motines dentro de la prisión. “Era para saber si nos iban a matar. Provocábamos porque la tortura era muy grande. No sabíamos si nuestras familias sabían de nosotros o si al día siguiente nos iban a pegar un tiro”, recuerda.
Con el tiempo, comprendieron que las llamadas permitidas funcionaban como “pruebas de vida” para que los familiares presionaran a sus gobiernos a negociar su liberación. “Por eso hablo de secuestro”, subraya.
Las únicas noticias del exterior llegaban a través de un “castigo peculiar”: escuchar por megafonía los programas televisivos de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello. “Es para que entiendan nuestra lucha”, les decían los carceleros.
Así se enteraron del despliegue militar estadounidense en el Caribe previo a la captura de Maduro y de la llegada, a finales de 2025, de personas con turbante que, según Madrid, entrenaban a los custodios. “Esto no es mentira, no me lo han contado. Lo he visto con mis propios ojos”, afirma.
A inicios de 2026, las visitas fueron canceladas y los presos quedaron completamente aislados. “Redoblaron la seguridad y empezaron a uniformarse como para la guerra. Nosotros nos asustamos. Pensábamos que llegó nuestra hora”, rememora.
Hoy, ya en libertad, Marco Antonio Madrid asegura que no puede dejar de pensar en quienes aún permanecen detenidos en Venezuela, bajo condiciones que, insiste, “no deberían existir en ningún lugar del mundo”.